La perfumería intimida desde fuera, pero el coste de entrada es más bajo de lo que parece. Necesitas una pequeña paleta bien elegida, medición precisa y la disciplina de anotarlo todo.
El kit inicial
- Alcohol de perfumería (o etanol de alta graduación) como disolvente.
- Una balanza de precisión a 0,01 g — la perfumería se hace por peso, no por gotas.
- Pipetas, vasos pequeños y viales de vidrio etiquetados.
- Tiras olfativas y un lápiz — evalúa en papel antes que en la piel.
- 10–20 materias primas que cubran los papeles clave: cítricos, una o dos flores, un almizcle, un ámbar, una nota amaderada y alguna molécula como Iso E Super y Hedione.
Trabaja en dilución
Casi todas las materias se evalúan al 10% en alcohol, no puras. La dilución hace legibles las moléculas potentes y evita sobredosificar un ingrediente — el error número uno del principiante.
Construye acordes, no mezclas al azar
Un perfume es una estructura de acordes: combinaciones pequeñas y equilibradas que se perciben como una sola impresión. Aprende algunos clásicos (una salida cítrica-aromática, un corazón de flores blancas, un fondo ámbar-amaderado) antes de una composición completa. Estudiar fórmulas reales de GC-MS es la vía más rápida para ver cómo dosifican los profesionales.
Lleva un cuaderno de fórmulas
Anota cada prueba por peso, ponle fecha y vuelve a olerla a las 24–48 horas: el perfume cambia al macerar. Tus notas son el verdadero producto de la afición — con el tiempo se convierten en destreza.